martes 24 de noviembre de 2009

¿A qué sabe tu coño?

A raiz de la reflexión de Bella sobre la importancia de una polla con buen sabor, yo no puedo, ni debo, ser menos,y os pregunto: BELL@S, a qué saben los coños?



Yo los he probado y olido de muchos tipos, sabores y colores, desde aquéllos en los que te quedarías a vivir por lo agustito que se está, hasta otros que sólo con quitarse las bragas te lloran los ojos del picor.



Cierto es que la higiene masculina debe ser cuidada, eso que algunos dicen: después de un día de excursión por el monte, la agarré y me pegó una mamada que... y una mierda! no me lo creo, las mujeres teneis buen gusto, y hay tragos y tragos.





Pero y vosotras? si, vosotras, la dulce y bella figura femenina, que nos enloquece, que nos pierda, que nos enamora, acaso creeis que no nos fijamos en esas cosas?



Yo amo un buen coño, amo aquel coño que usa gotas de perfume, amo aquél coño que huele a mujer, amo el coño en el cual mi lengua se pierde y no se cansa de lamer.


Pero en mi pasado he comido muchas cosas, mi primer coño comido, que sabía fatal, pero era el primero, otros con olor a pis, algunos con olor a regla, alguno que traía tropezón (y mejor no os digo de qué), pero también los he probado originales, únicos, diferentes, tatuados con dianas, flechas, corazones, rasurados, peludos y con piercings.


Yo me quedo con un coño de escaso bello, con un clítoris claramente marcado, y una gran apertura vaginal, en la que perderse sea el mejor refugio del mundo.



Y vosotros, qué opinais?

domingo 22 de noviembre de 2009

Pasión por ti

Te venero, ¿lo sabías?

No soy capaz de sentir placer sin tenerte en mi mente, no soy capaz de estar con una mujer, y que no aparezca tu imagen en mi retina, no soy capaz de cerrar los ojos cada noche, y no desear estar a tu lado.
Despierto con la esperanza de encontrarte abrazada a mi, pero no estás, y a solas, en mi cama, te imagino.

Recuerdo tus zapatos de tacón, tus medias con liguero, visualizo el escote de tu nuevo sujetador, y mis manos paseando por la blonda de tu tanga, mientras la piel se te eriza.

Déjame que me embriague inhalando tu perfume, imprégname con tu aroma sexual, aquél que se queda en nuestra piel horas después de consumarnos.

Permíteme de nuevo acariciar tus labios con mi lengua, perder mi vista en lo profundo de tus ojos, déjame derretirme en tus manos una vez más.


Vuelve a colgarte de mi, a cabalgarme como sólo tu sabes, vuelve a llevarme donde sólo tu y yo hemos estado, de donde nunca queremos volver.
Arráncame de mi garganta esos sentimientos que sólo ante ti soy capaz de exclamar.

Quiero tenerte, quiero gozarte, quiero sentirte, quiero explotar nuevamente, con prisas, en tu interior.


Cielo, te deseo.

martes 17 de noviembre de 2009

Seseinta y nueve

Recuerdo tus manos acariciarme, estaba a oscuras, no veía nada, una suave luz del stand-by de la tv iluminaba sutilmente tu silueta, mientras mi piel se erizaba.


Siempre me ha gustado sentirte. Notaba tus caricias en mis piernas, en la piel de mi polla que comenzaba a tomar forma, en mis testículos endurecidos. Tu lengua húmeda pasaba por mi glande, el capullo salía de la piel. Mientras tu abrías tu boca, y sentía el paladar mojado de saliva.


Necesitaba tu nectar, quería sentir tu dulce sabor íntimo una vez más en mi paladar, necesitaba beberte por dentro.

Sujeté tu rodilla, la pasé sobre mi, abrí tus piernas, y me acerqué a tu sexo, guiado por tu aroma sexual, y las gotas de perfume que sueles echarte. Saqué mi lengua, y esperé al ansiado contacto de mi punta con los labios de tu vagina, mientras mi polla ya estaba bien hundida en tu garganta, dura como una piedra, aguantando los embites de tu boca, golpeando mis huevos con tu mano, mientras una paja intensa provocaba mi máxima excitación.

Mis dedos abrían tu clítoris, tu campanilla era mía, por esos minutos, la lamía, la chupaba, aspiraba jugueteando con mi lengua, de vez en cuando introducía mi nariz en tu coño, mientras tapaba tu sexo con mi boca, me apoderaba del placer que sentías controlando tu orgasmo inminente.

Escuchaba tus gemidos, estabas concentrada en tu sexo, tu vagina palpitaba en mis labios, y deseaba sentir ese maravilloso momento de tu orgasmo, ese cuando te dejas caer totalmente sobre mi cuerpo, ese en el que unas gotas de tu esencia salpican mi boca, ese en el que tus piernas se cierran, tus caderas se contraen, y tus manos se clavan en mis nalgas.

Necesitaba explotar, marcabas el ritmo con tu boca, me contenías para que no llenara tu boca de mi esperma apretandome los testículos con fuerza, pero no porque no te gustara mi sabor, sino porque mi corrida contenida era mucho más abundante que una instantánea. Acelerabas tu ritmo, sentía el peso de tus caderas en mi mandíbula, notaba como me cabalgabas sobre mi rostro y tu espalda se arqueaba, sentía como tu erupción no se hacía esperar.

Noté como el dulce sabor caliente de tu sexo empapaba mi paladar, como relamía mis labios una y otra vez para saborearte al máximo, cuando en un momento te detuviste, masajeaste suavemente, y esperaste a mi inminente orgasmo.

Mi semen comenzó a emanar llenando tu boca, cayendo sobre mis testículos, esprimidos por una paja contínua.

Me aferré a tu culo, te apreté a mi, y relamí cada rincón de tu sexo en busca de la última gota de tu ser.


Cielo, no te imaginas el placer que me provoca comerte… mientras tu me devoras…. Te deseo.

martes 10 de noviembre de 2009

Te echo de menos

Mis sábanas estaban frías anoche, la soledad de esta compañía me agobia, escucho una respiración, pero no es la tuya, sueño con sentirte de nuevo, sueño con….

Poco a poco me evado, mi mente se nubla, y eróticas imágenes vienen a mi mente…


Desabrocho tu camisa, tus labios ante mi, carnosos, apetecibles, los deseo. Meto mi mano en tu escote, siento tu piel cálida, acaricio tus pechos, por dentro del sujetador, rozando tu pezón que comienza a endurecerse, observo como graciosa te desabrochas con prisa, para que pueda disfrutar de tu imagen desnuda, ante mi.

Mi mano me buscaba, mi mano me encontraba, mi sexo empalmado, bajo la sábana, durísimo, como si fuera a penetrarte, iba y venía, suavemente, sólo para ti.

Acaricié tu cintura, mis manos se entretenían en el contorno de tus pechos, mis ojos se clavavan sobre los tuyos, y mis labios ansiaban devorar, de nuevo, y durante toda la noche, TU BOCA.

Bajé con suavidad tu tanga al suelo, abriéndote para mi, sujetándome la cabeza con tus manos me dejé guiar hasta tu entrepierna, entonces, mientras relamía mis labios, mi lengua buscaba ese sabor que sólo tu tienes, esa esencia que me embriga gustosamente, acariciando con mi lengua la parte interior de tu vagina, tus labios internos comenzaba a humedecerse, tu clítoris, despejado ante mis ojos, abierto por tus dedos, se ofrecía a mi boca.

Absorví aquella protuberancia, jugueteé con ella entre mi lengua y mis dientes, gocé con cada gemido que te robaba con mi boca.

Clavé a conciencia mis uñas en tus nalgas, quería marcarte en aquél sueño, pues te deseaba SÓLO para mi, no quería que nadie más pudiera disfrutar de tu ser, de tu cuerpo, de tu alma.

Sentí como las gotas de tu orgasmo mojában mi paladar, saboreé lo que tu me dabas, mientras me incorporaba, de rodillas ante ti, para penetrarte en el asiento de atrás de mi coche.

Pese a que aquél era mi sueño, me dejé llevar por tus deseos. Agarré fuertemente tu cintura, te acerqué a mi, e introduje profundamente mi polla en tu vagina, hasta tus entrañas. Nos mirábamos, te mordías el labio inferior, deseabas que siguiera, que te hiciera explotar.

Te abrías a mi, rozaba tu clítoris con mi pubis a consciencia, deseaba hacerte explotar, conseguir de ti ese orgasmo clitoriano que me agota de placer. Yo no podía más, hacía caso a tus palabras, me concetraba en los músculos de tu vagina, en cómo se abría para mi, visualizaba cada pliegue de tu interior, sentía las gotas de tu inminente erupción abrasar mi sexo.

Una corrida abundante salpicó mi barriga, hasta mi cara, abrí los ojos de repente en la oscuridad, mi mano apretaba mis testículos, mientras que la otra meneba mi polla arriba y abajo, exprimiendo las últimas gotas de semen que aún quedaban en mi interior.

Suspiré conteniendo mi gemido, me había dejado llevar por ese sueño, y había sido maravilloso, tenerte, aunque sólo fuera en mi mente.

Cerré mis ojos, me tapé de nuevo con las sábanas ya no tan frías, habías estado allí, conmigo, sentía tus manos, sentía tu aliento, escuchaba el eco del susurro de tus palabras en mi oído, saboreé el dulce aroma de tu esencia, me dije a mi mismo:



- Chico, la echas de menos!